La fiesta de la Madre Tierra ocurre hace ya muchísimos años. Muchos de nuestros invisibilizados pueblos andinos le ofrecen todo tipo de regalos. Es un acto de reciprocidad. Cobijo y protección a cambio de estas ofrendas. Sumak Kawsay (que en quechua singica “Buen Vivir” o “La vida en plenitud”) es uno de los pilares principales a la hora de honrar a la Pachamama.

Pero reciprocidad en el pleno Siglo XXI queda muy grande para muchas de las sociedades que habitamos esta Tierra. Tomamos caña con ruda los 1° de agosto y al otro día ya estamos talando bosques, destruyendo ríos y mares enteros, apoyando todo tipo de extractivismo, celebrando la matanza indiscriminada y exterminando con la vida de nuestros suelos fértiles.

En síntesis, destruyendo la gran casa en la que habitamos todos los seres vivos.

Por eso reconocer a la Madre Tierra y entender que nosotres también debemos ponernos al hombro el cuidado de ella es un paso. El primer paso.

El concepto del Buen Vivir nos invita a repensar(nos). ¿Qué clase de planeta creemos que le estamos dejando a nuestras próximas generaciones? ¿Queremos dejarles un ambiente devastado, que no hablaría más que de la falta de responsabilidad que tenemos los humanos con respecto a lo que nos rodea y a nosotres mismes?

Por Carolina Somoza, Somos Ambiente