Lo noticia del positivo acuerdo por la deuda entre nuestro país y los acreedores externos no solo marcará esta semana sino también los tiempos por venir, y se torna central en momentos en que la pandemia nos sigue golpeando con sus consecuencias sanitarias y económicas. Pero como primer acercamiento para un análisis serio de cómo se cerró una ardua negociación con los fondos de inversión, es inevitable marcar el contexto internacional en el que este proceso se dio. El mundo hoy está sumergido en una de las crisis más profunda de la historia del capitalismo, al punto de que muchos analistas dicen que es peor y más nociva que la muy famosa de 1930. El desempleo, la destrucción del aparato productivo, la retracción brutal de ganancias para los bancos, la paralización de buena parte del comercio internacional y la incertidumbre, golpean a todas las naciones del globo prácticamente sin distinción. En ese contexto de catástrofe si hay algo que se ha vuelto evidente es que muchas viejas recetas de economistas ortodoxos se han vuelto papel picado.

Hoy a nadie se le ocurre pensar que las cosas volverán a ser como «antes del coronavirus» y esa realidad nos impone condiciones y urgencias inéditas que hay que afrontar con creatividad y mucha inteligencia. Con estas cosas en mente hay que ser conscientes que lo conseguido no es poco.

En números constantes y sonantes Argentina (todos nosotros) se ha ahorrado 37.700 millones de dólares; la quita ha sido muy importante ya que vamos a pagar 54,8 dólares por cada 100, cuando los fondos querían que al menos 75 dólares. Además también se han obtenido plazos de gracia bastante laxos que le permitirán a la economía nacional lograr un respiro para reacomodar las cargas y destinar miles de millones de pesos al desarrollo nacional.

A pesar de todas estas noticias positivas, no es tiempo de festejos. Por el contrario hoy es más necesario que nunca desplegar políticas que pongan en funcionamiento al país, que nos permitan revalorizar el trabajo argentino y la industria nacional para romper con la larga recesión.  Además tampoco podemos dejar pasar que llegamos a esta situación fruto de una serie de pésimas decisiones del gobierno anterior que deberán ser investigadas en profundidad.

Ahora más que nunca el rol del estado será central, y sería un error mirar este asunto solo desde la óptica financiera tradicional, en especial porque como dijimos más arriba, la crisis en la que estamos sumergidos tiene alcance global y nos trasciende largamente. Tenemos que reactivar la economía con el eje puesto en la inclusión social, laboral y productiva de millones de argentinas y argentinos que en este momento -y desde hace varios años- la están pasando mal.

Este gobierno ha demostrado que tiene convicciones fuertes sobre el rol que debe cumplir el Estado, y ha sido capaz de enfrentar al coronavirus fortaleciendo el sistema de salud público, otorgando subsidios, tratando de proteger tanto a empresas como a trabajadoras y trabajadores, y dialogando con todos los sectores para llegar a soluciones consensuadas con la mayor amplitud posible.

Ahora es tiempo de reforzar esa mirada porque con los dólares que nos vamos a ahorrar en este tiempo no alcanza para afrontar los desafíos que se vienen. Necesitamos una reforma tributaria en serio donde los que más tienen más paguen. Debemos retomar la discusión sobre Vicentín en el marco de un debate profundo sobre cuál es el papel del estado nacional en el comercio exterior. Tenemos que afianzar herramientas que garanticen que no se va a ajustar siempre sobre los sectores más humildes. Y en este último aspecto es indispensable que las políticas de género estén cada vez más presentes para desterrar una de las formas de exclusión e inequidad más arraigadas en nuestra sociedad.

Sabemos que desde la tribuna del frente ahora van a salir con los tapones de punta tratando de que el dinero que no se van a llevar los acreedores pasen al haber de los más pudientes, ellos harán lo imposible para seguir escondiendo y fugando sus dólares, intentarán boicotear y obstruir cada avance, pero de este lado sabemos que con más unidad y más esfuerzo colectivo los podremos enfrentar.

Hoy, los magos de las finanzas, esos empresarios «exitosos», los lobos de la City que nos prometieron hace casi 5 años soluciones mágicas e instantáneas (liberación del cepo al dólar, lluvia de inversiones y aniquilamiento automático de la inflación) deberían llamarse a silencio y aceptar que el voto popular castigó su ineptitud. 

Aquí estamos una vez más desplegando todos los esfuerzos para poner a la Argentina de pie, honrando la palabra empeñada con la mirada puesta en empezar por los de abajo para llegar a los de arriba, tal como dijo Alberto Fernández.

Mientras tanto, del otro lado del globo, el ingeniero Macri mirá desde su reposera francesa, el desastre que nos dejó.