Más de la mitad de los niños, niñas y adolescentes (NNyA) son pobres en la Argentina.

Según el Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la Universidad Católica Argentina, el 51,7% de la infancia está bajo la línea de pobreza porque sus hogares no cuentan con ingresos suficientes para cubrir la canasta básica total. Un porcentaje del 10,2% se encuentra en familias que no cubren siquiera la canasta alimentaria básica, lo cual indica que se encuentran en situación de indigencia. El Informe corresponde al año 2018 y releva la inequidad asociada a cada dimensión de derechos del niño y la niña: alimentación, salud, hábitat, subsistencia, crianza y socialización, información, educación, trabajo infantil. Entre los datos más destacados están que el 29,3% de NNyA tiene déficit en sus comidas y que el 13% pasó hambre, mientras que un 35% asiste diariamente a comedores comunitarios o escolares. A su vez un 24% de los NNyA tiene déficit habitacional y un 23,4% vive en hacinamiento. El 40% de los NNyA se encuentran sufriendo pobreza extrema.

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Las cifras de pobreza infantil son las más elevadas de la última década. Una deuda gravísima con la infancia, con nuestro presente y futuro. La alimentación adecuada desde la primera infancia es clave para la salud psico-físico-social. La desnutrición y malnutrición infantil condiciona severamente el desarrollo de NNyA, los deja expuestos al riesgo de enfermedades y en condiciones desfavorables para el aprendizaje escolar. Con hambre no se puede estudiar. Sin una buena nutrición se estudia siempre con desventaja. La Argentina produce alimentos para 400 millones de personas pero que no cuenta con soberanía alimentaria.

El Indicador Barrial de Situación Nutricional (IBSN), desarrollado desde 2017 por el movimiento social Barrios de Pie, es una herramienta estadística surgida de la sistematización de las prácticas territoriales para la detección precoz de la malnutrición infantil que afecta a niñas, niños y adolescentes entre los 0 y los 19 años en barrios populares que fue tomada por el Consejo Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires. Para llevar adelante el relevamiento se construyeron tres indicadores antropométricos: índice de masa corporal (IMC) para NNyA de 2 a 19 años, talla/edad para NNyA de 0 a 19 años, peso/edad para lactantes 0 a 2 años, siguiendo las recomendaciones, percentiles y curvas de crecimiento de la Guía Operativa para Evaluación del Estado Nutricional del Ministerio de Salud de la Nación y de la Organización Mundial de la Salud. 

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El relevamiento nutricional IBSN se implementó en los NNyA que asisten a merenderos y comedores comunitarios en barrios de alta vulnerabilidad socio-sanitaria, cuyos padres y madres en su mayoría son titulares de programas sociales. Son los NNyA cuyas familias no alcanzan la canasta básica total o la canasta básica de alimentos, con lo cual están dentro de las categorías de bajo peso, de riesgo de bajo peso, pero sobre todo de sobrepeso y obesidad. Son niños y niñas mal alimentados, que consumen en exceso hidratos de carbono como pan, fideos, arroz, polenta y otras harinas, porque esos productos son más económicos. Las verduras, frutas, carne y leche tienen cada vez precios más privativos para la mesa familiar.

En el primer semestre del año 2019 el Indicador Barrial de Situación Nutricional se construyó con el relevamiento en doce barrios de la Ciudad de Buenos Aires de 1031 niñas, niños y adolescentes con un resultado de 52,28% de casos ( de 0 a 19 años sin discriminar grupo etario) donde fue detectado algún tipo de malnutrición destacando la preeminencia de los indicadores por exceso, ya que el 1,45% se encuentra con bajo peso, mientras que el 24,64% de los casos presentó sobrepeso y el 26,19% obesidad. El registro representa un incremento mayor al 3% de la malnutrición infantil en los barrios populares respecto del último informe del IBSN correspondiente al 2do semestre del 2018 en el cual la malnutrición era del 49%, en el marco de un deterioro de la situación socioeconómica de los hogares más vulnerables. El 5,78% de NNyA presenta una baja talla que da cuenta de una malnutrición crónica que ha modificado el ciclo de crecimiento. Un dato significativo es que la malnutrición es aún más alta entre los/as menores de 10 años donde asciende a 53,07% entre los 2 y los 6 años y al 56,10% entre los 6 y los 10 años que se corresponde con los primeros años de la escolaridad primaria y la etapa de la alfabetización. Otro dato muy preocupante relevado es que el 36, 45% de los/as lactantes presentan malnutrición y 34,58% exceso de peso.

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En un contexto de creciente pobreza (19,1%) e indigencia (6%) en la Ciudad de Buenos Aires (según datos oficiales de la Dirección General de Estadísticas y Censos), las cifras de la malnutrición infantil ponen en evidencia la preocupante vulnerabilidad nutricional en la que se encuentra la población de 0 a 19 años de los barrios humildes de nuestra Ciudad.

Nuestra niñez está en riesgo, niños, niñas y adolescentes ven afectada su talla de crecimiento, están expuestos a enfermedades como la diabetes infantil, llegan con desventaja a la escuela por no estar bien alimentados. La mala nutrición está limitando el crecimiento y desarrollo integral tanto físico como psicosocial, deteriorando la calidad de vida de la infancia.

Hay otra cuestión a analizar: estos NNyA asisten a comedores comunitarios y escolares donde reciben al menos una comida diaria. El 52,28% de malnutrición detectada en la niñez, uno de cada dos NNyA de los barrios populares de la Ciudad, indica un problema nutricional no sólo en el menú de las familias sino en el de los comedores comunitarios y escolares donde los niños y niñas también se alimentan, lo cual señala con claridad el déficit de la política alimentaria del Gobierno de la Ciudad.

Incluso en este ciclo lectivo 2019 aún fue más difícil para las familias el acceso a la beca del comedor escolar, las raciones disminuyeron en cantidad y calidad. Este dato es un alerta para las políticas públicas alimentarias construido a partir de las propias organizaciones barriales y comunitarias que se organizan para paliar el hambre. En la última década nunca la pobreza infantil bajó del 40% en la Argentina, es estructural, por eso se hace indispensable promover una Ley de Emergencia Alimentaria y políticas proactivas para desterrar de nuestros barrios populares la malnutrición infantil, realizando la inversión presupuestaria necesaria para cancelar esta deuda con nuestra infancia antes que las consecuencias sean irreversibles. Los números de la malnutrición infantil golpean, lastiman más cuando tenemos conciencia que son niños y niñas con nombre, rostro, humanidad y sueños rotos. En la Ciudad más rica del país es inadmisible que no se prioricen políticas públicas para proteger a la infancia garantizando los derechos básicos.

Laura Velasco