La actual pandemia del Covid_19, Coronavirus, impone la urgencia de trabajar colectivamente para reducir su impacto y cuidar a la población, sobre todo a los más vulnerables. 

Argentina viene siendo unos de los principales referentes mundiales en cuanto al abordaje de la pandemia y cuidado de la población. Allí donde el Estado está presente, se ha demostrado la capacidad para hacerle frente a los contagios. Pero está claro que, luego de años de ajustes y reducción de las capacidades estatales, y con un sistema económico mundial que profundiza la expulsión de miles de trabajadores del mercado laboral, es fundamental la participación de otros actores de la sociedad. Cobra relevancia el aporte de los movimientos sociales, trabajadores de la economía popular, sindicatos, universidades y estudiantes, profesionales comprometidos y la solidaridad constante de nuestro pueblo. 

Hoy Rosario lleva una semana sin contagios y es destacada la labor para contener los contagios, con índices mucho menores que en otras de las grandes ciudades del país. 

Las tareas de contención y abordaje en los barrios populares rosarinos explica el bajo nivel de propagación del virus. Desde la Secretaría de Salud del municipio se resaltó las acciones en conjunto que se vienen llevando adelante “Las intervenciones territoriales se realizan junto a Desarrollo Social y las organizaciones sociales, que tienen un rol muy importante, donde se mapean los comedores, negocios y las residencias de los adultos mayores en riesgo a quienes se les entrega en su domicilio la comida y las medicaciones para que no tengan que trasladarse hasta el efector del barrio”. 

El accionar de la Secretaría de Desarrollo Humano y Hábitat de Rosario, junto a las organizaciones sociales ha sido clave para abordar territorialmente las problemáticas derivadas del aislamiento y del parate económico. La asistencia a comedores y merenderos populares y el labor constante de estos para seguir cocinando a diario garantizan que muchísimas personas accedan a un plato de comida. 

Venimos señalando que la profundización del hambre, es una de las principales consecuencia de la imposibilidad de circular y de trabajar. Por eso es la militancia social, junto con el Estado, la que está poniendo el cuerpo para que las familias en los barrios populares no se queden sin alimentos. Las redes tejidas por los movimientos sociales para coordinar acciones, operativos de entregas de alimentos, alcanzarle viandas a adultxs mayores y población de riesgo que no pueden salir de sus hogares, son parte de todo el entramado de tareas que tienen como fin cuidar a los barrios.

Concebir a los barrios como unidades de aislamiento ha sido clave para la contención de los contagios. Resguardarse en la casa es un elemento importante, pero que no alcanza en los sectores más humildes, que no tienen las condiciones de la clase media.  La precariedad de las viviendas, en muchos casos,  es muy grande, y hay problemas de hacinamiento. En ese sentido, sabiendo que puede haber movimiento, que el movimiento esté organizado para que haya trabajo, que haya actividad y posibilidad de acceder a los alimentos.

Contar con respiradores y con espacios re-adaptados para recibir posibles contagios es una parte del abordaje, las redes territoriales tejidas entre los movimientos sociales y el Estado es la otra y viene haciendo la diferencia.

Como parte de los sectores populares pondremos todo nuestro empeño en procurar que el impacto de la escasez sea el menor posible, articulando políticas de contención y abordaje en el territorio con los distintos ejecutivos, porque entendemos que nadie se salva solo.