El mundo es un fierro caliente

y de esto se trata todo, amor,

de los laberintos se sale solo por arriba.

El mundo de hoy. Fito Páez

Días agitados en Latinoamérica

Uno de los primeros días de noviembre, en las afueras de una cárcel en Curitiba, miles de brasileros y brasileras que habían estado allí por más de 500 días, se fundieron en un abrazo con el ex presidente Lula, después de un fallo del Tribunal Superior de Justicia que declaró la inconstitucionalidad de la prisión a cualquier ciudadano o ciudadana con condena en segunda instancia. Lula, finalmente, estaba libre.

Así las cosas en esta parte del mundo. Una región absolutamente conmocionada e inestable donde, además de lo sucedido recientemente en Brasil y Bolivia, y algunos resultados electorales prácticamente imprevistos al inicio del año (una contundente derrota del macrismo en Argentina y serias dificultades del Frente Amplio uruguayo para obtener mayorías parlamentarias primero y asegurarse en segunda vuelta un nuevo período presidencial); se suman escenarios de confrontación más o menos directa entre los sectores sociales que han sido víctimas de un nuevo despliegue de políticas económicas neoliberales en Chile, Ecuador y Perú.

Dos días después, en alguna zona del Trópico cochabambino, Evo Morales y Álvaro García Linera anunciaban en una conferencia de prensa el desarrollo del golpe de Estado promovido por el ex candidato presidencial Carlos Mesa y el mesiánico dirigente cívico y empresario Luis Fernando Camacho.

Ya unos días antes, la intolerancia y la violencia promovida por los grupos que no aceptaban el resultado electoral de octubre, se habían adueñado de varias ciudades de Bolivia. La OEA, a cargo de la revisión del proceso electoral, sólo echó más leña al fuego. Bolivia atraviesa, luego de casi 15 años de gobiernos de Evo y el MAS, un período de incertidumbre, violencia y atropellos institucionales del que casi nos habíamos olvidado.

En esta nueva etapa, a la que muchos intentaron denominar como de “fin de ciclo progresista” a partir de la llegada de Macri a Argentina, el nuevo período de Piñera en Chile y el proceso que se inauguró con el golpe a Dilma Rousseff en Brasil y se profundizó con la elección de Bolsonaro; muy distinta a la del ciclo del consenso neoliberal de los 90, pero también a la del “cambio de época” que tuvo como punto más alto el NO AL ALCA de 2005; nos parece importante hacer un breve repaso de algunos elementos a modo de diagnóstico y dejar una serie de tareas que tenemos por delante.

Consideraciones para un diagnóstico inicial en la mitad del camino

Contexto económico internacional

1. El contexto económico internacional, a diferencia del período que atravesó nuestra región durante la década del 2000, de mejoras constantes en los términos de intercambio comercial a partir del alza de precios de las commodities, está marcado por un fuerte enfrentamiento entre las políticas comerciales proteccionistas de los Estados Unidos y el intento de despliegue global de China.

Si bien el gobierno norteamericano contó con Macri, Bolsonaro y otros aliados menores en la región, no fue su política central la de promover acuerdos constantes para consolidar esta nueva etapa de restauración conservadora.

La confirmación de una política económica proteccionista por parte de la administración Trump, devino en una importante restricción de los apoyos a las economías emergentes, sobre todo las de Latinoamérica, concentrando su interés en promover acuerdos con el FMI, para generar un nuevo período de dependencia en la región.

Sobre nuestros países pesan dos consecuencias directas de este escenario internacional de guerra comercial: la caída sustancial de los precios de nuestros productos -fundamentalmente primarios- exportables y las consecuentes dificultades para recibir recursos tangibles que permitan sostener políticas de inclusión desde los gobiernos progresistas, por un lado; y la imposibilidad de generar mecanismos de apertura comercial en acuerdo con las potencias hegemónicas por parte de los gobiernos neoliberales, por el otro.

En síntesis, estamos ante un muy probable estancamiento de la política económica de nuestros países, a los que se les dificulta sostener y profundizar los modelos, sean del tipo que sean.

Inestabilidad institucional

2. En ese marco, existe una profunda inestabilidad para generar los mecanismos políticos e institucionales que permitan avanzar en el diseño de estrategias continentales con relativa sintonía ideológica en el mediano plazo.

A la desaparición de la UNASUR y la CELAC promovida por los gobiernos neoliberales de la región, no le sucedieron herramientas de articulación propias con carácter de formalidad y estabilidad en el tiempo.

El Grupo de Lima no es más que un intento, encabezado nuevamente por el gobierno de Trump, de promover un rápido y abrupto final de la experiencia venezolana. Más allá de eso, no aparece con claridad ningún objetivo específico ni un rasgo serio de institucionalidad.

Desde las fuerzas y los liderazgos progresistas emergentes, seguramente el novedoso Grupo de Puebla buscará ocupar un espacio protagónico en la próxima etapa.

Pero así como el Grupo de Lima carece de formalidad, el Grupo de Puebla no se plantea, al menos inicialmente, como un espacio de articulación institucional desde los Estados o gobiernos, que promueva verdaderas herramientas de integración regional que permitan consolidar en el tiempo un proceso de articulación en beneficio de nuestras sociedades, sino que funcionará probablemente como una usina de ideas y posicionamientos de sectores progresistas continentales.

Inestabilidad política

3. Los procesos políticos nacionales, en este difícil escenario global y regional, carecen además de mecanismos que les garanticen estabilidades de largo alcance. Es muy poco probable que cualquier intento de pensar períodos políticos de más de un mandato presidencial, sean realizados con seriedad y objetividad. 

A las dificultades estructurales ya mencionadas, se le suman, entre otros aspectos, una relativa facilidad de las dirigencias políticas para adoptar mecanismos endogámicos que las alejen de los sentimientos y urgencias de sus bases sociales (el ejemplo de Chile tanto por parte del oficialismo como por algunos sectores de la oposición es una muestra clara de ello); y las estrategias de despliegue y resistencia de los movimientos políticos y sociales que se oponen al neoliberalismo, por un lado, y una nueva habilidad de las fuerzas conservadoras que, además de volver a recurrir a mecanismos golpistas, cuentan ahora con bases sociales movilizadas y en algunos casos violentas, por el otro.

Unidad para frenar los proyectos antipopulares

4. Sin embargo durante este año, a pesar de las dificultades propias de la región a las que hicimos mención, tuvimos y aprovechamos en gran medida la posibilidad cierta de frenar el desarrollo y la consolidación de los proyectos antipopulares.

Para lograrlo fue y es necesario encontrar una nueva síntesis entre lo más destacado de los procesos progresistas del “cambio de época”, que aún con sus límites y dificultades todavía cargan con una importante cuota de representación en el sentido común de los sectores populares, progresistas y de izquierda, sumándole el aporte de nuevos procesos políticos y sociales que emergieron en los últimos años, y se manifiestan de las formas más diversas tanto en el terreno de las herramientas políticas como en el resurgir de los movimientos sociales de trabajadores, mujeres y jóvenes, aún sin representación política, como hemos visto en las masivas movilizaciones en Chile, Perú y Ecuador, entre otras.

Si ese proceso de unidad se ve dificultado por obra de alguna o varias de las partes necesarias que lo componen, corremos el riesgo de convertirnos en actores impugnatorios del modelo neoliberal, pero con pocas posibilidades de construir nuevas mayorías en la sociedad, en particular en los países donde los procesos progresistas han retrocedido.

Algunas de las tareas imprescindibles para las fuerzas progresistas

Defender la democracia y enfrentar al neoliberalismo

1. En este contexto de inestabilidad política, desde las fuerzas progresistas y populares creemos que defender la democracia y enfrentar al neoliberalismo son caminos paralelos.

La necesidad de sostener y profundizar los mecanismos de participación de la sociedad en el proceso de toma de decisiones se hace ahora más urgente y necesario que nunca.

La única garantía de establecer un rumbo político regional que beneficie a nuestros pueblos, será de la mano de la participación directa de la gente en los asuntos del Estado, con más y mejor democracia. Nunca con menos. 

No debemos confundirnos, cualquier intento de interrupción del orden democrático en el continente, por más encubierto o engañoso que se presente, estará siempre al servicio de las minorías.

Los editorialistas de la derecha local e internacional intentan instalar un manto de legitimidad y consenso para avanzar en esa dirección. Lo que está pasando en Bolivia es una muestra incuestionable de ello. 

Desde el campo nacional, popular y democrático somos claros y contundentes: Nunca más un Golpe de Estado en América Latina.

Unidad política y social

2. Debemos promover con más fuerza que nunca la unidad de las fuerzas políticas y sociales del cambio a nivel continental. Para esta etapa, necesitamos profundizar los acuerdos y la integración de todos los sectores políticos, sociales, culturales y sectoriales que luchan por un continente más justo.

Así como en la década del 90, distintas herramientas de articulación regional pudieron resistir y enfrentar la ola neoliberal y promover la construcción de una agenda propia que, en mayor o menor medida, se materializó en el ciclo progresista con una importante participación de esas mismas herramientas de articulación, tenemos ahora la tarea de seguir avanzando en esa dirección.

Necesitamos más que nunca la unidad para discutir, debatir, elaborar y promover las agendas propias de los sectores sociales del cambio, instalar con fuerza nuestra voz a nivel continental y desarrollar los mecanismos que las conviertan en políticas públicas en los Estados y en las instancias regionales.

Nuevas demandas

3. Para ello, los partidos, movimientos y dirigencias populares, progresistas y de izquierda en la región, debemos organizar las nuevas demandas sociales en función de proyectos alternativos que permitan ampliar y consolidar mayorías populares estables y permanentes.

Los nuevos fenómenos masivos, amplios y participativos que surgen con fuerza en las sociedades latinoamericanas, deben ser tenidos en cuenta a la hora de elaborar plataformas políticas que construyan mayorías populares en nuestra región.

El feminismo, los movimientos sociales y estudiantiles, las nuevas instancias de articulación en un mundo del trabajo cada vez más heterogéneo, entre otras, deben ser tenidas en cuenta por las herramientas políticas a la hora de construir mecanismos de participación para enfrentar el neoliberalismo y el ajuste, y promover alternativas.

Nuestra región atraviesa tiempos de inestabilidad política demasiado grande como para desaprovechar la oportunidad de incorporar las nuevas demandas surgidas al calor de la etapa, y ponerlas al servicio de un proyecto verdaderamente popular, participativo y democrático.

Última tarea

4. La última tarea, es tener siempre presente aquello que dijo Álvaro García Linera: 

“Tocan tiempos difíciles, pero para un revolucionario los tiempos difíciles es su aire. De eso vivimos, de los tiempos difíciles, de eso nos alimentamos, de los tiempos difíciles. ¿Acaso no venimos de abajo, acaso no somos los perseguidos, los torturados, los marginados, de los tiempos neoliberales? La década de oro del continente no ha sido gratis.

Ha sido la lucha de ustedes, desde abajo, desde los sindicatos, desde la universidad, de los barrios, la que ha dado lugar al ciclo revolucionario. No ha caído del cielo esta primera oleada.

Traemos en el cuerpo las huellas y las heridas de luchas de los años 80 y 90. Y si hoy provisionalmente, temporalmente, tenemos que volver a esas luchas de los 80, de los 90, de los 2000, bienvenido. Para eso es un revolucionario.

Luchar, vencer, caerse, levantarse, luchar, vencer, caerse, levantarse. Hasta que se acabe la vida, ese es nuestro destino”.

Buenos Aires, noviembre de 2019.

Ariel Navarro

Relaciones Internacionales SOMOS

Foto principal: Natacha Pisarenko

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