Anoche pudimos ver el primer debate presidencial con todos los candidatos, de cara a las elecciones de apenas dos semanas.

Si bien el formato elegido no es el mejor y pareciera que todo está montado para evitar los cruces picantes, quedaron claras, al menos para mi, algunas cuestiones que rápidamente quisiera destacar. En primer lugar no deja de llamar la atención que hoy por hoy no hay candidatas a presidente mujeres, en especial porque cada vez está más claro que su protagonismo es cada vez mayor en la vida política nacional.

Un discurso vacío

Lo otro que me parece subrayable es que Macri quedó expuesto una vez más con un discurso vacío y lleno de referencias al pasado. Han transcurrido cuatro años y los principales problemas del país se han agravado, pero el presidente por momentos parecía estar hablando de otra Argentina. Sus datos sobre deuda, educación o salud fueron rápidamente rebatidos por el resto de los candidatos y luego por la mayoría de los medios, incluso los más afines a su administración. Pero lo llamativo es que ni siquiera se detuvo en recalcar que su único logro importante ha sido la recuperación de las estadísticas públicas, y quizás esta omisión esté motivada en que esos índices son inclementes con el autodenominado mejor equipo de los últimos 50 años.

Mauricio Macri está jaqueado, y eso se le nota en la cara, en los gestos, en la impostada molestia que le producen los cuestionamientos a una situación social a la que no ha podido responder adecuadamente y que sus decisiones han contribuido a empeorar.

Competencia por el voto reaccionario

Párrafo aparte merecen Gómez Centurión y Espert, ambos representantes de la derecha vernácula, que hicieron una floja performance en las PASO (en particular Espert) pero que anoche en el debate presidencial parecieron estar compitiendo para mostrarse lo más reaccionarios posible. Ellos alternaron apelaciones a los “dos vidas”, la hiperortodoxia económica, el rechazo a ese fantasma que solo ellos ven y que han denominado “la ideología de género”, y una llamativa apelación a desconocer los avances que como sociedad hemos realizado en el tema de derechos humanos.

Espert, uno de los más sueltos y tranquilos, apeló una y otra vez al concepto de “hombre común” pero en el medio se le olvidó que ningún argentino del montón tiene depositado en el exterior más de un millón de dólares como él los tiene. Gómez Centurión por su parte solo atinó a colocarse el pañuelo celeste y a nunca cumplir con los tiempos establecidos.

Monotemático

Roberto Lavagna también estuvo monotemático, recalcando siempre algo que dicen sus spots: “ya lo hice antes ahora lo puedo volver a hacer”. El problema es que esa fórmula no aporta respuestas a las necesidades de hoy y se parece mucho -por lo vacía- a la frase “Yo ya gané” que hace 4 años enarbolaba Margarita Stolbizer. En cambio, los mejores momentos de Lavagna estuvieron cuando expuso las insconsistencias del programa económico de Macri y fue impecable en el diagnóstico de la coyuntura actual, poniendo el tema del hambre como un drama que implica una violación profunda a los derechos humanos.

El cliché

Nicolás del Caño por su parte apeló a las fórmulas tradicionales de la izquierda. El cliché “Que la crisis la paguen los ricos” ha perdido hace mucho su capacidad de impacto, más cuando quien lo dice tiene poco carisma, duda y se traba. En el haber de Del Caño están algunas cosas interesantes, como su referencia al Encuentro de Mujeres, su insistencia en denunciar al FMI como actor central en la crisis actual y también su referencia a la explosiva situación en Ecuador desencadenada justamente por un plan de ajuste ordenado por los tecnócratas del Fondo. Hace falta más que esto para candidatearse a presidente, pero quizás le sirva para evitar la fuga de votantes y alcanzar a sostener algunos escaños legislativos.

Con saco de Presidente

Horas antes del debate el diario Clarín anunciaba con mucha seguridad que Alberto Fernández estaría moderado, realizando un discurso centrista y trataría de captar al sector del electorado que aún duda. Los redactores de esa nota se deben haber preocupado cuando el candidato del Frente de Todos hizo exactamente lo contrario. Desde el minuto inicial acorraló a Macri trayendo al presente sus mentiras y promesas fallidas del pasado. Luego fue muy ácido y contundente con los números que cada tanto sacaba de la galera el presidente y en un punto planteó algo que muchos pensábamos “¿De qué país está hablando el presidente?”

Ahora, con el diario del lunes en la mano, desde las usinas del macrismo dicen que Alberto usó mucho el dedito y que tuvo un tono patotero. La verdad es que me parece que quienes repiten esto no son concientes de que lo que se realizó anoche fue un debate, no una juntada entre amigos o una mateada para charlar del tiempo. Lo que está en juego es la presidencia de un país que se encuentra sumergido en una de las peores crisis de su historia, y en ese marco pedir menos vehemencia o menor dureza con un mandatario que ha fallado catastróficamente, es casi infantil.

Más allá de todo, de las chicanas cruzadas y de anuncios muy interesantes como la creación de un Ministerio de la Mujer, la diversidad y la igualdad, hay algo que me pareció digno de subrayar, y es el momento en que Alberto cerró con un concepto que me parece central:
“Qué raro lo que dice el Presidente. 2.000 puntos de riesgo país y hemos vuelto al mundo. Nos endeudaron otra vez, cerraron empresas otra vez, dejaron a la gente sin trabajo otra vez, empujaron a la clase media la pobreza. Es lo que hacen cada vez que llegan al poder y después nos quieren hacer creer que los argentinos cada diez años chocamos contra la misma piedra. La piedra son ellos”

Me quedo con eso: La piedra son ellos.

No volvamos a cargar nuestro futuro con semejante cascote.

Néstor Moccia

Debate presidencial completo

Los memes sobre el debate presidencial

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