Como en casi toda esta breve campaña antes de las PASO, el acto de ayer en Rosario fue otro espacio esperanzado de reencuentro. Creo que salvo algunes compañeres de la izquierda dogmática que insisten en proponer un camino tan puro como imposible de concretar en torno a un gobierno/programa obrero, el resto del campo popular estuvo representado frente al monumento a la bandera. Una rara mezcla de esperanza y angustia por lo que pasará desde el domingo hasta octubre recorría nuestros cuerpos y nuestros sentires.

En una de las charlas que tuve a la espera de que comience la función que cerraron Cristina y Alberto con música de Fito de fondo, un compañero me dijo que en estas elecciones se definía la continuidad o el fin del ciclo que comenzamos a recorrer en 2001 y que tuvo a los gobiernos kirchneristas, con sus mas y sus menos, como la concreción real de un proyecto de gobierno a favor de los intereses de las mayorías populares en la Argentina. Diagnóstico al que adhiero totalmente. 

Los tres años y medio de Cambiemos en la casa Rosada fueron producto de una serie de errores forzados y no forzados de los que tenemos que hacernos cargo, sin subestimar la capacidad de los factores de poder ideológicos y económicos para hacer uso y abuso de cada uno de esos errores, fuimos nosotros (las organizaciones políticas del campo popular) los que no tuvimos la capacidad de entender lo relevante que era para esos factores de poder hegemónicos dividirnos para confrontarnos y debilitarnos, de modo que finalmente nos derrotaran en las urnas. Algo que con claridad expresaron Cristina y Alberto en sus discursos.

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Pero, ¿porque se trata del fin o la continuidad del ciclo que comenzó con el derrumbe del modelo neoliberal al calor de la reacción popular en diciembre del 2001?

Porque si Macri fuese reelecto ya no ganarían escudados en las falsas promesas del combate a la corrupción, la pobreza cero, la promoción del desarrollo a partir de la innovación, la integración al mundo moderno, la libertad de expresión o la meritocracia individualista. Ganarían siendo lo que son, evasores y fugadores compulsivos, multiplicadores de la desigualdad y la exclusión social, promotores de la destrucción de nuestra industria, sometidos a los intereses de las potencias mas oscuras del mundo, silenciadores de cualquier voz disonante con su discurso de odio, y garantes del desamparo de los ciudadanos que se caen del mundo del trabajo y la seguridad social.

Si llegaran a ganar, el impacto legitimador de este mensaje en nuestra sociedad tendría un efecto disciplinador y les brindaría las herramientas que les faltan para terminar de re-configurar el entramado social que imaginan en nuestro país. Seguramente habría mucha resistencia, pero en un contexto de enorme sufrimiento de las mayorías.

Por el contrario, si en este proceso electoral los derrotamos, se abre un camino de revisión constructiva de lo que fuimos y somos capaces de hacer como pueblo, con los matices que nos diferencian que se han ido convirtiendo en saludables diversidades. Deberemos encontrar acuerdos reconociendo que no hay una sola verdad sino metas comunes que alcanzar, y que los caminos para lograr dichas metas se construyen también al andar. 

El ciclo que iniciamos en 2001 no habrá concluido, habrá todo tipo de demandas a las que dar respuestas, algunas más urgentes, algunas muy importantes; pero estaremos obligados a corregir los errores cometidos producto de sectarismos, personalismos, ambición desmedida y competencias innecesarias; el agravamiento de las condiciones de vida de millones de ciudadanos durante estos años nos fuerzan, nos obligan a retomar la marcha de un proyecto de nación que contenga y contemple a todos/as los/as argentinos/as, especialmente a los/as que fueron arrojados a los márgenes de nuestra sociedad. Es posible y es con todos.

Alberto Vivanco