Hace un tiempo, en alguna red social se viralizó un juego donde cada usuario comparaban una foto actual y otra de hace 10 años. Si hiciéramos eso en América Latina, podríamos ver para atrás una foto de los festejos del bicentenario argentino, donde Cristina Fernández y Néstor Kirchner, Evo Morales, Hugo Chávez, Lula da Silva, Pepe Mujica, Rafael Correa y Fernando Lugo, entre otros y otras, caminaban entre las multitudes que festejaron la semana de mayo en Buenos Aires.

Pasaron 10 años, y en el camino se derrumbó el intento expansionista del ALCA, se crearon herramientas de integración como la UNASUR y la CELAC, se construyeron infinidades de puentes y caminos para encontrar de manera articulada las respuestas a las necesidades más urgentes de la región. “Por primera vez en mucho tiempo, nuestros presidentes se parecen a nuestros pueblos” solía repetir la presidenta Cristina Fernández.

Luego de años de resistencia al modelo neoliberal que se expandía en toda la región, los pueblos latinoamericanos fueron construyendo y articulando resistencias que dieron paso luego a la conformación de alternativas políticas populares que encadenaron una serie de victorias electorales dando lugar a un extendido ciclo posneoliberal. “No es una época de cambios, es un cambio de época”, resumía el ecuatoriano Rafael Correa.

A ese ciclo político regional en beneficio de las mayorías populares, que seguramente fue el más consolidado y largo en nuestra historia desde la emancipación, le apuntaron desde todo el frente conservador local, regional y global, buscando desgastar cada proceso nacional y, con ello, frenar la integración latinoamericana al servicio de sus pueblos. Denuncias judiciales, campañas mediáticas y golpes de estado atravesaron todo el continente, intentando frenar a cada uno de los avances producidos, lográndolo en muchos casos.

Hoy, a diez años de esa foto, nuestra región atraviesa una situación desafiante y a la vez completamente distinta. Inmersa en los desafíos que la pandemia a nivel global nos propone, con gobiernos neoliberales debilitados incluso mucho antes del desarrollo del COVID-19 (basta recordar las manifestaciones populares en Chile y Ecuador, por nombrar algunas), con liderazgos conservadores en niveles altísimos de rechazo, y con proyectos esperanzadores para toda la región. Con esa multiplicidad de variantes y la incertidumbre sobre el futuro, miramos para atrás y encontramos algunas respuestas para adelante.

La lucha de los pueblos latinoamericanos por su emancipación y sus derechos siempre vuelve; allí está esa foto que nos lo recuerda, y ese recuerdo nos construye acción y movimiento. Como dice la canción, vamos a volver. Siempre. Y vamos a volver mejores.