El tercer experimento neoliberal en la Argentina deja el poder, dependiendo la variable que se observe, con los peores indicadores socioeconómicos en décadas.

En lo macroeconómico, el endeudamiento externo en dólares quizá sea un record histórico. Utilización de la capacidad instalada industrial anda por ahí cerca. Caída del consumo interno y de la recaudación tributaria sostenida. Altos niveles inflacionarios vinculados a devaluaciones periódicas. Niveles elevadísimos de tasa de interés que cerraron cualquier posibilidad de acceso al crédito. Caída estrepitosa del salario y las jubilaciones. Tarifas de servicios básicos dolarizadas, y así podríamos seguir con una lista interminable de indicadores negativos que han generado un impacto devastador en los hogares a lo largo de nuestro territorio.

Solo para citar algunas consecuencias del modelo en el plano social, la reaparición del hambre y la malnutrición en buena parte de la población. La mitad de los niños y jóvenes de nuestro país en situación de pobreza, pobreza que afecta al cuarenta por ciento del total de la población e incluye a un diez por ciento de la misma en situación de indigencia. Crecimiento acelerado del desempleo y el subempleo; y como consecuencia inevitable del deterioro social crecimiento de la inseguridad, de las redes mafiosas que obtienen ventajas del contexto de abandono en que se encuentra la población más vulnerable. Deterioro sostenido de la educación pública, descenso de la inversión en generación de conocimiento tanto en sector privado como en el público. Aumento de la demanda del sistema de salud pública que se encuentra en situación crítica. Crecimiento de las familias en situación de calle. Miles de jóvenes impedidos de desarrollarse laboral o educativamente. Hacinamiento en los hogares, etc.

En este contexto de grave deterioro socioeconómico la derrota del proyecto neoliberal en las urnas se hizo inevitable,

Agosto fue el anticipo de lo que en octubre se cristalizará de manera contundente. A partir de este diagnóstico del resultado electoral por todos compartido la derecha empezó a recorrer el camino de la resistencia.

Los treinta días del “sí se puede” anticipan una estrategia defensiva de los logros obtenidos por una porción pequeña de la población de nuestro país durante estos años. Al núcleo minoritario de beneficiarios del enorme traslado de ingresos que llevaron a cabo en un tiempo tan breve como intenso habría que agregarle un conjunto de argentinos y argentinas que desde distintas procedencias culturales e ideológicas siempre se sintieron contenidas en proyectos antipopulares independientemente de su procedencia de clase. Conviven en este espacio buena parte de los sectores mas conservadores de diversos credos religiosos, parte importante también de la familia militar o de las fuerzas de seguridad, radicales conservadores con acentuado rasgo antiperonista, y en menor medida adherentes al pensamiento liberal para los que cualquier intervención del Estado en la vida de una sociedad que no fuese proteger la propiedad privada es invasiva, ineficiente y distorsiva.

Construir una minoría intensa que no se disperse en torno a la defensa de los intereses de los sectores privilegiados se relaciona con el intento de impedir que una nueva experiencia popular en la administración del gobierno nacional avance sobre medidas concretas destinadas a reducir la brecha de desigualdad social distribuyendo la riqueza de manera más equitativa, afectando tasas de rentabilidad insostenibles para un país con los niveles de pobreza que contamos, en el que dos terceras partes de la población compiten en clara desventaja para desarrollarse laboral, educativa y profesionalmente; y en el que el Estado debe cumplir un papel central en la planificación y la conducción de un proceso que revierta el atraso en que nos sumieron sus políticas.

Esta representación política que el macrismo ha salido a defender cuenta con una importante ventaja, lo dijo el propio Macri en algunos discursos de su gira, ellos son “el poder” fáctico, el poder real, ejercen su hegemonía en el manejo del mensaje de la mayoría de los medios de comunicación, están en la cúspide de los principales conglomerados productivos ligados a las actividades económicas que nos adjudica la división internacional del trabajo cada vez más global, ejercen fuerte influencia en instituciones públicas claves en el normal funcionamiento democrático como la justicia, las fuerzas de seguridad, la inteligencia, el comercio exterior, la aduana, los órganos de control de las empresas que brindan servicios públicos, etc.

Para la derecha, el “sí se puede” no se trata solo de construir una representación política que proteja sus ventajas durante el tiempo que se retire de la conducción del Estado, se trata también de darle centralidad a las decisiones y movimientos que desarrollarán para poner palos en la rueda al ciclo que se abre.

Una vez más, la participación y organización popular serán imprescindibles para llevar adelante políticas públicas con impacto real en la vida de las mayorías. Buena parte de las posibilidades de que el ciclo que se avecina tenga éxito estará ligado al sostenimiento de los niveles de movilización de nuestro pueblo y al fortalecimiento de sus organizaciones.