Ante las vísperas de un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, este 25 nos encontramos atravesados por una pandemia que ya ha impactado con mucha fuerza en todo el mundo. En este contexto y recordando aquellos días fundacionales de mayo de 1810, se abren debates estructurales  que debemos atender. El primero  está relacionado con la distribución del ingreso y la necesidad de imponer un impuesto a las grandes riquezas. La pandemia puso de manifiesto las desigualdades que algunos intentan que naturalicemos, y nuevamente los sectores en situación de vulnerabilidad, aquí y en el resto del mundo son los más afectados.
A la falta de trabajo se agregan dos elementos básicos para la subsistencia, la falta de alimentos y de agua. Eso también se registra de otra manera,  la brecha de ingresos por persona en nuestra sociedad: el 10% más rico cobra 23 veces más que el 10%.
Por lo tanto, lo que se debe poner en discusión es cómo y cuánto aportan a nuestra sociedad ese pequeño grupo de 12 mil personas que tienen patrimonios superiores a 200 millones de pesos. Si bien representan  apenas el 0,03% de la población, con su aporte el Estado podría recaudar más de 3.500 millones de dólares.

Durante los  cuatro años de macrismo  se llevó adelante un  ajuste, que por sobretodo cargaron los trabajadores, con aumentos insoportables en los servicios públicos y una fuerte devaluación que impacto de lleno en la canasta básica, sin embargo hubo un sector que fue abiertamente privilegiado y que gozó durante todo ese tiempo de la posibilidad de especular y fugar capitales. Así es como nos encontramos frente a una realidad que es abiertamente desigual. No existen las mismas oportunidades, ni las mismas herramientas para enfrentar la pandemia en los barrios populares, en los que la infraestructura dista de ser la más adecuada.


La nueva normalidad debe ser distinta, por ello creemos necesario un impuesto a la riqueza, para que de manera extraordinaria el Estado pueda destinarlas directamente a los sectores populares. Es tiempo de modificar la realidad estructural de nuestro país, contribuyendo así a una distribución más equitativa del ingreso y una mejor calidad de vida para todos. 

Esta nueva normalidad debe dar un giro copernicano al modelo de producción y acumulación de unos pocos, y poner en debate las cadenas de valor y el rol del Estado.
Ante la inmoralidad de decisiones como las que tomo Techint despidiendo trabajadores al inicio de la cuarentena  pondremos en valor la solidaridad de cientos de miles de personas a lo largo y ancho del país. Esos son los valores que heredamos de esa Revolución de Mayo.
El amor por la patria y por el barrio condujo a un sentimiento de solidaridad y compromiso con quienes menos tienen. Frente a la especulación de los grandes privilegiados de la historia de nuestro país, nos encontramos con una trama que jamás pudieron destruir, el Estado presente, las organizaciones sociales,  clubes de barrio, las iglesias y otros espacios de la comunidad que están poniendo todo lo que tienen a su disposición para que podamos salir adelante en esta situación.

 Este lunes 25 de mayo, en el aniversario número 210 de la conformación del primer gobierno patrio, el Movimiento Barrios de Pie va a estar cocinando ollas de locro en diferentes puntos de nuestro país. Un trabajo solidario para todos aquellos argentinos que más lo necesitan, mientras además impulsamos una ley que haga que las grandes fortunas tributen. Los que más tienen deben ser los que más aporten. Como bien dijo Arturo Jauretche, a quien vale la pena recordar en estos tiempos: “o es pa’ todos la cobija, o es pa’ todos el invierno”.

 DANIEL MENENDEZ, SOMOS/ Barrios de Pie

Subsecretario de Políticas de Integración y Formación de la Secretaría de la Economía Social.