Los resultados del último domingo fueron tan contundentes que no dejan lugar a dudas respecto del camino que queremos volver a transitar los habitantes de este hermoso país: Un rumbo que nos brinde tranquilidad económica, genere trabajo aprovechando las riquezas con que contamos generosamente, valorice el conocimiento y jerarquice la educación como pilar de cualquier ordenamiento social armónico, ponga a la producción como prioridad y castigue la especulación, un país que rescate a su infancia y a sus adultos mayores de la pobreza, que garantice alimentos en la mesa de sus familias. Una nación que reivindique su lugar y el de nuestra rica región en el mundo.

Han querido convencernos de que eso es imposible y no lo es, por la calidad y capacidad de nuestra gente, por la abundancia de nuestros recursos naturales, por la importancia que tenemos como reserva del planeta. También por la paz que casi siempre ha reinado en estas tierras entre países hermanos.

Ahora bien, como todos sabemos, vivimos en un planeta dominado por la ambición desmedida. Es el momento de la historia en donde se produce mas riqueza y se distribuye del modo más desigual, los pocos que se quedan con el grueso de ellas piensan que son propietarios de todo y de todos, y por lo tanto sostienen su hegemonía sembrando la ambición y el individualismo. En este punto es donde se vuelve relevante recurrir a la historia social y económica, porque no es tan complejo como pretenden hacernos creer recuperar nuestra dignidad como pueblo mejorando las condiciones de vida de quienes fueron relegados en pos de la concentración de la riqueza, vamos sector por sector y lo entenderemos:

Los bancos. El sector financiero ha sido uno de los actores económicos mas beneficiados desde que se desregulo la actividad promoviendo la especulación a partir de la creación de instrumentos ficticios ligados al riesgo, los seguros y la timba. Sin embargo, los bancos como depositarios y administradores de los ahorros de un colectivo social también podrían ganar dinero facilitando el crédito necesario para promover la actividad productiva y comercial, como también el consumo que haga girar una rueda virtuosa.

El sector agropecuario. El más beneficiado por la geografía de nuestro territorio y la bondad de nuestro clima, destinatario de grandes mejoras en su productividad por los avances tecnológicos aplicados a cada eslabón de su cadena productiva y a los medios de producción que intervienen en la actividad en las últimas décadas. Premiado con desregulación de la actividad y liberación del comercio de los bienes que exporta. Sin embargo, allí están los alimentos que faltan en nuestras mesas, una porción de esa renta en cualquier país inteligente sería invertida en desarrollar investigación e innovación, para la mejorar la competitividad de la propia actividad y para otras actividades en las que deberíamos priorizar la inserción de nuestra producción a nivel global.

El sector energético. Un país con enormes reservas tanto en combustibles fósiles como en energías renovables, con un inmenso territorio que facilita su extracción y explotación en un mundo en donde se agota la energía. Que produce mas del 90% de lo que se consume en el mercado interno pero que cobra sus tarifas en dólares, es un sinsentido difícil de sostener. No se trata solo de diferenciar estratos para no deprimir aún más la capacidad adquisitiva del conjunto de la población que es algo obvio, sino también de que se hace o hacia donde se dirige la enorme renta que obtiene el sector, en un país donde la infraestructura de todo tipo es escasa, la educación pública se deteriora año a año y la producción cada vez es menos diversificada.

La explotación minera. Actividad que solo se destina a la exportación de bienes primarios como primer eslabón de la cadena productiva de transnacionales líderes en tecnología de punta, reduciendo al mínimo la rentabilidad del sector e impidiendo su aprovechamiento para construir encadenamientos nacionales. Habilitada irresponsablemente a generar todo tipo de impacto negativo ambiental y comunitario. Y sin embargo estratégica para el mundo digital en el que estamos insertos y el planeta sustentable que los foros globales de desarrollo hace tiempo promueven.
Y el Estado. Ese conjunto de recursos humanos e institucionales vitales venido abajo, abandonado a su suerte en beneficio de quienes lo rechazan para que se no los controle y/o los ordene, carente de planificación estratégica y de metas prioritarias de mediano y largo plazo desde hace tanto tiempo. Conmueve comprobar lo que han hecho los intensos ciclos neoliberales con nuestro Estado.

No es tan difícil, de los laberintos se sale por arriba.

Alberto Vivanco