*Por Diego Bartalotta.

Cuatro años de macrismo nos devolvieron imágenes que jamás pensamos volver a ver.  Traían soluciones mágicas para el problema de la inflación y nos dejaron la inflación más alta desde 1991. La promesa de pobreza cero solo fue un slogan vacío dentro de tantos otros. Lo cierto es que el cóctel explosivo entre el aumento insensible de las tarifas de los servicios públicos, la devaluación indiscriminada de la moneda y el crecimiento del desempleo cristalizó la situación más dolorosa de nuestro país: el hambre es una realidad que sufren cada vez más argentinos/as.

Uno de los indicadores más representativos es la caída en el consumo de leche: el más bajo de los últimos veintinueve años. Entristece ver como la cifra que en 2015 supo alcanzar el valor más alto del presente siglo hoy encuentra ese piso. Fue el producto claro de una política destinada a beneficiar a los más poderosos, a cargar en el pueblo argentino el peso de un ajuste salvaje que no benefició a nadie. Todo este ajuste fue para financiar una fiesta de la que solo pudieron participar unos pocos. Nos encontramos de nuevo con la especulación del mundo financiero en nuestro país. Nunca en tan poco tiempo se fugaron tantos capitales como con Macri. Esto literalmente fue un crimen: con el ingreso extra por ajustar a los que menos tienen, financiaron a los capitales que ante la primera oportunidad se llevaron afuera ese dinero.

La fuga de capitales se sustentó además, con una sideral toma de deuda por parte del gobierno de Macri que, junto con el desplome de la economía, dificultó la capacidad de pago: el macrismo prometió pagar mucho en muy poco tiempo, algo totalmente irreal en este contexto.


Lo cierto es que es más que necesario postergar los compromisos de pago tal como lo viene solicitando Alberto Fernández: si el país no crece, es imposible pagar. El pueblo argentino no puede ser postergado por el pago de una deuda que fue tomada por unos pocos ricos en la administración del Estado, haciendo negocios para ellos y sus amigos. Deberán surgir investigaciones para que se haga justicia con quienes cometieron tal daño a la economía argentina.

Alberto Fernández comenzó su mandato dando señales claras en el marco de un contexto de crisis, y sus primeras políticas ha sido protegiendo a los que menos tienen. La tarjeta alimentaria, el congelamiento de tarifas y la supervisión de precios, son muestra de ello. También ha dado cuenta de que los movimientos sociales son parte de la solución y que pueden aportar en la construcción de políticas públicas para fortalecer y desarrollar la economía popular, que es la economía de los trabajadores, de aquellos que dependen de su trabajo para vivir, y en donde sus capacidades y experiencia pero principalmente  sus modos de organizarse modifican lógicas clásicas de producción y consumo. 

El camino es espinoso, por eso es fundamental no perder el horizonte y menos aún ceder ante las presiones de afuera: el FMI debe hacerse cargo de su complicidad con el gobierno de Macri y tendrá que ser flexible con la reestructuración.

*Presidente del Consejo Municipal de Economía Social y Popular de Avellaneda. Dirigente de Somos – Barrios de Pie en la Provincia de Buenos Aires