La libertad es solo es comienzo

Los días 22 a 24 de noviembre, a tan sólo 15 días de la recuperación de la libertad del presidente Lula, el Partido de los Trabajadores del Brasil realizó en San Pablo su 7mo Congreso Nacional. Allí discutieron los lineamientos para la próxima etapa, incluyendo las características y los ejes de la lucha contra el gobierno neoliberal y fascista de Bolsonaro, renovaron las autoridades partidarias y construyeron las estrategias de alianzas sociales y electorales para enfrentar el período político que se avecina, ya con Lula en libertad.

Desde SOMOS y Barrios de Pie acompañamos los debates y las discusiones entre los más de 500 delegados y delegadas de todo el Brasil, y participamos de distintas iniciativas que se sucedieron en ese contexto.

Estoy con más ganas de luchar que nunca

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El viernes por la tarde, el presidente Lula cerró el acto de apertura del Congreso pronunciado un extenso discurso, cargado de contenido político y estratégico, sorprendentemente polarizador con el gobierno de Bolsonaro; en un contexto donde algunos sectores internos del PT y partidos de centro históricamente aliados (y también artífices de traiciones hacia el propio PT en diferentes momentos), exigían una moderación mayor de Lula.

“Salí más luchador de lo que fui”, así dio inicio a su intervención donde defendió su oposición sin concesiones al gobierno de Bolsonaro. Sobre las críticas a su versión polarizadora, contestó:

“como si la polarización fuera sinónimo de extremismo político e ideológico. Como si Brasil no hubiera estado polarizado durante siglos entre los pocos que tienen todo y los muchos que no tienen nada. Como si fuera posible no oponerse a un gobierno de destrucción del país, derechos, libertad e incluso civilización. Para aquellos que critican o temen la polarización, debemos tener el coraje de decir: somos lo contrario de Bolsonaro. No podemos quedarnos en la vereda o a mitad de camino: estamos y nos opondremos a este gobierno de extrema derecha que genera desempleo y exige que los desempleados paguen la cuenta”.

Luego, destacó una a una las grandes conquistas de los gobiernos que empezaron en el año 2002 y luego de sus dos mandatos fueron continuados por Dilma Rousseff hasta el golpe de 2016. Hacia el futuro, volvió a revalorizar la importancia del PT en la próxima etapa electoral: “si este país quiere superar la inmensa herida de la desigualdad, recuperar la soberanía y su lugar en el mundo, si quiere volver a crecer en beneficio de todos los brasileros y brasileras, el Partido de los Trabajadores es más que necesario: es esencial”.

Y agregó: “esta es la gran responsabilidad que estamos recibiendo. Brasil nunca ha necesitado tanto al PT. Y el PT tiene que ser lo suficientemente grande como para igualar lo que el país espera de nosotros. Tiene que estar unido, fuerte y cada vez más conectado con el pueblo brasilero”.

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Enfrentar a Bolsonaro requiere de un Frente popular

Antes del discurso de Lula, representantes de organizaciones políticas de izquierda de Brasil, movimientos sociales, y dirigentes de distintos frentes saludaron el Congreso y dejaron mensajes en sintonía con la necesidad planteada por Lula de construir una oposición contundente al gobierno de Bolsonaro y consolidar los mecanismos que fortalezcan la unidad del campo popular y democrático brasilero.

Guilherme Boulos, dirigente del MTST (Movimiento de los Trabajadores Sin Techo) y ex candidato presidencial del PSOL, planteó la necesidad de construir la unidad con eje en los movimientos sociales y políticos de izquierda, tomando como referencia el camino andado en experiencias de articulación social y política ya existentes como el Frente Brasil Popular y el Frente Pueblo Sin Miedo. Antes de él, Dilma Rousseff, Gleisi Hoffmann (la reelecta presidenta del PT) y Manuela D´Avila del PCdoB, entre otros y otras, se pronunciaron en sintonía.

Al respecto, Lula sostuvo en su intervención que “salvar al país de la destrucción y el caos social que este gobierno está produciendo no es tarea de un solo partido. Fuimos elegidos y gobernamos en alianza con otras fuerzas del campo popular y democrático. Por mucho que intenten aislarnos, estamos juntos en la oposición con los partidos de centro izquierda y estamos con movimientos sociales, centrales sindicales e importantes líderes de la sociedad”.

La necesidad y el desafío están planteados. El calendario electoral previsto para el año que viene, donde se renovarán las autoridades municipales en las más de 5500 alcaldías de todo el país, seguramente será una muestra del rumbo del proceso.

La amenaza autoritaria

Es importante destacar que este Congreso se desarrolló en un contexto político de profundización y radicalización de los aspectos más fascistas del gobierno brasilero. Al mismo tiempo que se sucedían estos debates, Bolsonaro anunciaba la creación de un nuevo partido, Alianza para Brasil -APB-, con una centralidad mucho mayor de los aspectos más conservadores de su gobierno. Al naciente partido lo auto caracterizaron como “liberal en lo económico, conservador en lo cultural”.

Esta nueva experiencia política, desprendida de sus aliados de centro derecha, le permite a Bolsonaro radicalizar el discurso y el componente más agresivo de su perfil y, de esa manera, consolidar una base social electoral profundamente fascista y racista, seguramente de menor caudal que aquella con la que obtuvo la presidencia, pero mucho más leal a su proyecto político.

En la presentación formal del partido, los dirigentes de APB posaron para la foto con el logo del partido construido con más de 4000 balas de plomo. Toda una señal.

La construcción de un partido de extrema derecha, mucho más pequeño pero excesivamente más funcional a los intereses bolsonaristas, sumado a la consolidación de los acuerdos entre Bolsonaro y los mandos superiores, intermedios y las bases operativas de las Fuerzas Armadas brasileras, hacen prever un escenario de radicalización política del gobierno actual, que no está exenta de interrupciones del orden democrático y acercamiento a mecanismos autoritarios, como ya lo han planteado dirigentes que forman parte del centro del poder bolsonarista.

Ante este escenario, es cada vez más necesario consolidar un amplio movimiento social y popular que defienda la democracia ante los intentos de avances y ataques sobre el conjunto de la sociedad, y especialmente aquellos y aquellas que luchan por un Brasil mejor.

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Construir, de nuevo, un nuevo continente

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Este contexto de radicalización de Bolsonaro se da, coincidentemente, en un momento donde las opciones autoritarias empiezan a tomar forma nuevamente en la región. El Golpe de Estado en Bolivia, la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente de Venezuela y los intentos de autogolpe que encuentran eco en los procesos de resistencia popular en Chile, Ecuador y, más recientemente, en Colombia, son algunas experiencias que hay que tener en cuenta a la hora de analizar las derivas autoritarias posibles en Brasil.

En ese sentido, el presidente Lula, ante los casi 50 delegados y delegadas internacionales que asistimos al Congreso, se pronunció a favor de la necesidad de reconstruir las herramientas de integración y articulación de las fuerzas progresistas y de izquierda y de los gobiernos populares en América Latina. Cuestionó, a su vez, no haber avanzado lo necesario, pero indicó que el camino es necesariamente profundizar la integración, defender la democracia, y construir sociedades más justas e igualitarias.

Ariel Navarro
Relaciones Internacionales SOMOS