Este 27 de septiembre, en distintos puntos de nuestro país, sucederán movilizaciones por la crisis climática, en consonancia con el conjunto de huelgas mundiales que se desarrollan por el mismo motivo en el marco de los llamados Viernes por el Futuro (#FridaysForFuture).

Estas movilizaciones están convocadas por la organización Jóvenes por el Clima y Alianza por el Clima, y es la 3er movilización mundial de estas características, desde que se organizan. Se hacen para reclamar a los gobiernos, ‘’líderes mundiales’’ y corporaciones, acciones concretas para frenar el cambio climático.

En la Cumbre del Clima, organizada esta semana por la ONU en Nueva York, el argentino Bruno Rodríguez, de 19 años, y perteneciente a Jóvenes por el Clima Argentina, que fue invitado para representar los reclamos del espacio, dijo unas palabras muy importantes para caracterizar la situación de nuestra región respecto al tema:

«Vengo de un país de Latinoamérica. La historia de nuestra región es la de cinco siglos de saqueo. Para nosotros, el concepto de justicia ecológica y medioambiental está ligado al de derechos humanos, justicia social y soberanía nacional en relación a nuestros recursos naturales’’

¿Qué se entiende por cambio climático, justicia social y justicia ecológica?

Crisis Climática – Cambio Climático es el eje que engloba todas las causas de la movilización. Estos conceptos son también una realidad y se refieren a los aumentos de temperatura que está teniendo el planeta, debido principalmente al sostenimiento de actividades económicas y productivas, que emiten gases de efecto invernadero y que calientan nuestra tierra, provocando deshielos, sequias, inundaciones, extinción de especies en todo el mundo.

La vida en nuestro planeta es posible dentro de determinada temperatura. Si se exceden los límites, estamos en riesgo de extinción. Sin los ecosistemas y su biodiversidad, lxs humanxs no pueden existir. Numerosos estudios científicos dicen que estamos cerca de pasar el límite de calentamiento global.

Es importante para tener en cuenta, que no son catástrofes ni causas naturales las que generan el cambio climático, sino que son causas sociales, políticas, económicas y culturales. Son producto de determinados patrones de consumo de las sociedades y de la expansión de modelos políticos y económicos, basados en actividades productivas, llamadas extractivistas, como:

Agronegocio:

monocultivos que degradan suelos, y que para seguir expandiendo sus ganancias económicas utilizan agrotoxicos, fumigan pueblos, incendian y talan bosques como en Amazonia (Brasil) o en Salta y Chaco.

Megaminería:

Para extraer metales explotan montañas y contaminan ríos y ecosistemas.

Extracción del petróleo y gas

En que la propia actividad es contaminante de suelos, agua, aire y ecosistemas; y a su vez sus productos derivados generan una gran proporción de gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático y el aumento de temperatura en nuestro planeta.

Quizás te interese: La agenda ambiental. Entrevista a Antonio Brailovsky.

Ecologismo Popular: Justicia Social y Justicia Ambiental

Por otro lado, las casi nulas políticas de Estado en gestión de residuos sólidos urbanos: que generan basurales a cielo abierto, contaminación de arroyos, rellenos sanitarios, quema de residuos, etc., sin promover la reducción, reutilización y reciclaje de los mismos; y los mega emprendimientos urbanos, que avanzan sobre espacios verdes y humedales, y que no solucionan el déficit habitacional; también hacen del planeta un lugar cada vez menos habitable para las mayorías.

Todas estas cuestiones son políticas, económicas y socioambientales. Afectan directa o indirectamente la salud y calidad de vida de lxs humanxs. Por eso es que no son solo un problema de la naturaleza, sino un problema de todxs.

Pero, si bien el cambio climático y la contaminación son un problema en general, las consecuencias socioambientales de estos modelos políticos y económicos, las sufren principalmente los sectores populares y medios, los pueblos originarios, y comunidades urbanas y rurales marginadas. Estas son habitualmente las que están más cerca de basurales, ríos contaminados, industrias contaminantes, etc.; y que a su vez son reprimidas por las fuerzas policiales y militares cuando resisten e intentan frenar esta situación.

Es en este sentido donde entran los conceptos de Justicia Social y Justicia Ambiental. La distribución de los costos y ganancias es desigual e injusta. Quienes sufren en mayor medida las consecuencias del cambio climático y estas actividades contaminantes y destructivas, no son quienes se benefician económica, social y ambientalmente de estos modelos de producción.

Además, también los sectores populares y medios, son quienes sufren las crisis sociales y económicas con más fuerza, ya que este modelo de desarrollo, no solo es injusto ambientalmente sino que tampoco garantiza, ni por la vía del mercado ni por la vía de los derechos constitucionales, la alimentación, educación, vivienda y salud, entre otros. El sistema es injusto, social y ambientalmente.

Estos sectores son también los que resisten y entran en conflicto con estas actividades desde hace mucho tiempo. Esto no es nuevo, ni mucho menos es el Ecologismo y la lucha por el ambiente solo cuestión de las clases medias; sino que se da también desde los sectores populares, comunidades excluidas y pueblos originarios, muchas veces con las mujeres como protagonistas. Por todo esto es que se lo llama Ecologismo Popular.

Con todo esto, no se trata de situar como algo intocable a la naturaleza, ni cuidarla de los humanxs, sino de construir un mundo en convivencia con los ecosistemas, usando sus recursos, pero no explotándolos hasta su agotamiento definitivo, procurando que vuelvan a reproducirse, porque son los que nos permiten respirar oxígeno y tomar de su agua.

La valoración sobre estos elementos vitales para la existencia, debería ser más importante que la valoración sobre las ganancias que benefician a sectores minoritarios y no solucionan los problemas estructurales socioeconómicos y ambientales de las mayorías. La emergencia alimentaria, por ejemplo, es parte de este problema también.

Propuestas para salvar nuestro planeta

Pero para no caer en visiones puramente catastrofistas y desanimadoras, existen una variedad de alternativas posibles para llevar adelante y comenzar una Transición Ecológica. Algunas de ellas son:

La Agroecología, que respeta el uso de los suelos y ecosistemas, produciendo alimentos sanos, sin agrotoxicos en pos de la soberanía alimentaria.

La Economía Circular de Residuos Sólidos Urbanos, que tiene como centralidad la Reducción, Reutilización y Reciclaje de residuos sólidos.

Las Fuentes de Energía Renovables, proveniente de los vientos, el sol, entre otros, que tienen muy poco impacto ambiental.

Impulsar transversalmente la Educación Ambiental Integral como un pilar fundamental que cuestione y haga reflexionar sobre todos los aspectos de estos modelos contaminantes y destructivos, promoviendo el buen vivir, en armonía con la naturaleza, como nos enseñan los pueblos originarios y ancestrales.

Artículo de Opinión: Facundo Sanseverino, equipo de Somos Ambiente.