Soy Macarena Fernandez Zarlenga. Nací en la ciudad de Cipolletti, Provincia de Río Negro. Crecí en una casa de clase media, donde mi vieja crió 6 hijes sola, quien se esforzó para que no nos falte nada a mis hermanes y a mí. Aún recuerdo los cumpleaños de febrero en la pelopincho, el jardín de casa lleno de chiques jugando con el agua y disfrutando del sol. Las tardecitas solíamos sacar la silla a la vereda y tomar unos mates en familia. Con mi hermana más chica, la más cercana por la edad, exploramos mil actividades.

Recuerdo los entrenamientos de destreza artística, la malla de colores con la que fuí a mi primera competencia. Pero ni la destreza artística y los deportes son lo mío. En el 2005 me fui a vivir a Capital con un único objetivo, hacer una carrera universitaria. Después de un CBC frustrado en la carrera de Psicología, decidí estudiar la licenciatura en trabajo social en la UBA. Finalizados mis estudios, quise ampliar mis conocimientos y comencé una especialización en derechos de la niñez y adolescencia.

Además realicé otra especialización, esta vez enfocada en la intervención y gestión gerontológica. Sin embargo con el paso el tiempo, me di cuenta que terminar la carrera no era lo único y más importante. Mi paso por la educación pública me mostró lo hermoso de la militancia. Recuerdo ese día que me anoté en una planilla para ir hacer talleres de género a los barrios más vulnerables de la Ciudad. Y así fue que me di cuenta que el camino era ayudar a la gente que más lo necesita, por medio de la participación y el compromiso social que tengo como ciudadana.

Primero comencé participando en las actividades estudiantiles, yendo a los barrios hacer apoyo escolar y formaciones en género. Luego dí un pasito más y me sumé a la militancia partidaria, en el espacio de Victoria Donda.

En los barrios populares se vive la crudeza de la desigualdad social. Esa crudeza que no se puede ver en la comodidad de una banco en la facultad a la cual llegamos porque tenemos la posibilidad que muches no han tenido. La desigualdad es el principal problema, el flagelo social en el cual muchas personas han nacido. No reconocerla es un error que cualquier proyecto político y personal comprometido con la realidad social no puede cometer. Debemos caminar hacia su destierro definitivo.

Hoy tengo la responsabilidad y el orgullo de impulsar, desde la delegación del INADI en Rosario, un camino de concientización sobre la desigualdad y la violencia que generan los actos de discriminación, xenofobia y racismo, que como dijo Alberto son actos imperdonables, que no nos permiten una visión más empática y solidaria entre las personas, valores que nos van a llevar a construir una sociedad más igualitaria e inclusiva. En sintonía con el INADI, desde SOMOS nos proponemos hacer un trabajo de coordinación con mujeres y disidencias para terminar definitivamente con la desigualdad de género, la violencia hacia mujeres, personas trans y diversidades sexuales.

Tenemos por delante el desafío de visibilizar y territorializar el trabajo que compete al INADI, nutriendo de la participación activa de la comunidad con dos propósitos fundamentales: generar un espacio abierto y accesible para denunciar cualquier acto de discriminación y la tarea de concientizar para fortalecer vínculos sociales más igualitarios, basados en el respeto, la empatía y la inclusión social.