Frente a la crisis y al golpe de estado en marcha en la hermana Bolivia, es necesario hacer algunas precisiones.

Por una parte está claro que la decisión de la OEA (Organización de Estados Americanos) de negarse a abrir las urnas y de marcar irregularidades en las recientes elecciones, fueron un balde de agua fría para Evo Morales que había ganado las elecciones por mas de 10 puntos.

Por otro lado nadie niega los logros a todo nivel de Bolivia. Los avances en educación, distribución de la riqueza e inclusión de las masas invisibilizadas históricamente, tienen como base un crecimiento sostenido que el año pasado cerró con un aumento de casi 5 puntos de su PBI, una caída del desempleo al 3,5 y una inflación anual de apenas el 1,5%. Esa bonanza económica tiene su explicación en el control estatal sobre los recursos gasíferos y en una acertada política social, que lejos de aceptar las recetas de recorte de derechos sociales, políticos y sindicales de la población los ha incrementado.

Una bravuconada fascista

En ese marco el golpe es una gigantesca bravuconada de la derecha boliviana más rancia, fascista y profundamente racista, que acorralada y despojada de sus privilegios ha recurrido a lo peor de su pasado. Pero lo realmente complejo para ese sector reaccionario es que, para ordenar la situación, van a tener que convocar de nuevo a unas elecciones donde no está claro que vayan a ganar para reinstalarse en el poder legítimamente.

Si hacemos memoria y recordamos los golpes en los años ‘70, veremos que los mismos eran parte del plan de liberalizar las economía, y tenían como primer objetivo aniquilar la resistencia, por eso el resultado eran miles de muertos, detenidos y desaparecidos. El terror y destruir las organizaciones populares era la llave para avanzar en su proyecto.

Habrá que ver si ese es el carácter del golpe que hoy le dieron a Evo y a todos los bolivianos, pero por el contexto internacional, la historia y la situación de la región es poco probable que esto suceda de la manera que se dio en el pasado.

Un pueblo organizado

Por el contrario, Evo Morales tiene oportunidades para volver. El pueblo boliviano está organizado de punta a punta del país, en sus minas, en sus pozos y en sus campos; y por las noticias que llegan es evidente que poco a poco se está poniendo en marcha la resistencia. En esta oportunidad no estamos hablando de un golpe asentado sobre una crisis económica, y por eso hay que ser pacientes, recordemos cómo el pueblo venezolano repuso a Hugo Chávez en el poder gracias a la masiva movilización de los sectores más humildes.

De nuestra parte la tarea es movilizar, difundir y denunciar, haciendo verdadero internacionalismo, esa palabra tan antigua y hoy tan necesaria. Hace tiempo hablábamos de la “paciente impaciencia” y esa debe ser nuestra forma de trabajar, sabiendo que ese pueblo conquistó cosas muy importantes y no va a ser tan fácil doblegarlo.

En este sentido, hay que ser claros con los que quieren poner en duda el carácter ilegal e ilegítimo de lo que sucede en Boliva: es un golpe, con todas las letras y sin ninguna duda. Y por eso es imprescindible que el gobierno argentino lo denuncie como tal. Del mismo modo es fundamental que todos los partidos políticos del país se expidan claramente repudiando lo que sucede ahora mismo en el hermano país.

Una enseñanza muy actual

Por ultimo un mensaje y una enseñanza muy actual: mientras muchos se desesperan por los despachos y andan probándose sus trajes a medida, siempre es necesario tener presente que sin pueblo organizado y organizaciones sociales fuertes no se conquistan ni se sostienen los procesos populares.

Aquí no se rinde nadie, la pelea sigue. A los golpistas repudio, desobediencia civil y desconocimiento internacional, hasta que las bolivianas y bolivianos elijan en libertad.

Ahora se me viene a la cabeza y lo comparto aquí, aquello que tan dignamente planteó Salvador Allende enfrentando a la asonada de Pinochet:


“Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.”

Néstor Moccia