Comedor y Merendero Comunitario de Somos Barrios de Pie Tartagal (Salta)

por Leonardo Bestregui

Son las 7 de la tarde en Tartagal. En el pasaje Senador Heredia, en el barrio Arturo Illia, funciona un comedor comunitario. Allí, las amas de casa ven como van llegando los chicos a la cita de los miércoles, son las que sirven la comida que nenes y nenas reciben alegremente. Otras chicas vinieron más temprano (desde las 5 PM) a preparar la olla enorme con la que dan de cenar a niños, niñas, madres y algún que otro viejito que viene a calentarse con un guiso hecho con fideos moñito, leña y, sobre todo, muchísimo amor.

Día a día se van sumando más chicos. Algunos salen de la escuela de la tarde, otros vienen desde el merendero que tenemos en barrio San Ramón. Otros, cenan antes de entrar a la nocturna. Son los que vienen de acá de Arturo, los de misión Tapiete y los del barrio Luján. Preparamos alrededor de 200 raciones, 3 veces por semana, los lunes, miércoles y viernes. Algunos vienen abrigados, otros no. “Algunos vienen en chancletas, otros descalzos” Explica Cintia López, referente de Marea Tartagal. “La cena la tenemos programada esos días a partir de las 8 de la noche pero su pancita nos marca el ritmo. Desde las siete empiezan a llegar, te preguntan si ya está. Algunos tienen prisa por irse a la nocturna, otros vienen con el taper para comer afuera o en su casa. Los más chiquitos se sientan en los bancos con su mami y hermanitos” continúa.

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Abuelas, madres, niños y niñas comparten mesa en el comedor, de fondo un trapo de Somos frena el viento frío.

Pero Cintia no está sola; Karen, Andrea, Tamara y Natalia cocinan y prenden el fuego desde las 5 de la tarde. Olga, Mariana, Silvana, Gabriela y Pamela las relevan, ellas son quienes sirven y administran las raciones para que les alcance a todos. Muchos chicos están contentos, hoy pueden repetir, alcanza para todos y el frío se les olvida por un momento.

Por la tarde, Marta, María, Lorena, Paola, Maricel y Nancy sirvieron la merienda cerquita del comedor. El merendero queda en el pasaje Alfonsina Storni, entre las calles Aráoz y Gorriti. Yohana, Cintia, Sara y Carolina hicieron el pancito con el que se acompañó el mate y sirve a la noche para acompañar la cena. Todas ellas son mujeres que saben de la necesidad de los chicos, que elijen el compromiso, que no miran para otro lado y que cada lunes, miércoles o viernes (llueva o truene) dicen presente con sus manos, con su pecho, con su cercanía y calidez.

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Las chicas preparan bollitos en el patio.

Vienen de barrios de todos los puntos de Tartagal a trabajar, como ser: 365 Viviendas, San Silvestre, Nueva Esperanza, Los Payos, Alberdi, entre otros, llegan en bondi, moto o caminando. Preparan comida para chicos que “podrían ser sus hijos”. Al volver a sus respectivas casas, las espera el compromiso con su familia, administran su tiempo para estar en todos lados.

El merendero y comedor se financia, también, con sus manos y las de los varones que las acompañan. Venden empanadas, fideos, locro, humitas (“cuando hay choclo”) y demás comidas criollas que logran ubicar en los barrios donde viven. Los compradores saben que su dinero banca el comedor y el merendero, son conscientes de su intencionalidad. El ignorante, en cambio, el que la ve por tevé, no valora eso, las señala y estigmatiza “están poliqueando para las elecciones” dicen.

        Al terminar la cena los chicos van despejando la casa que hace las veces de comedor. De a poquito al espacio que estaba poblado de risas y vocecitas le va ganando la noche y su silencio. Una nena que se queda hasta el final, conversa con la señora que sirve los platos, le pide repetir y le dice que luego se irá a dormir. El ama de casa le responde con una sonrisa: “panza llena, corazón contento”. La pancita de la nena y el corazón de una madre, respectivamente (pienso yo).

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“…bravos caciques palpitan en la sangre del humilde…”

¿Cómo definir objetivamente lugares tan mágicos? En un país donde todos los días la gente sale a laburar, a ganarse el pan ¿en qué momento nos vendieron la moto de que somos vagos?, ¿cuándo dejará el estado provincial y nacional de mirar para otro lado?, ¿cuánto más resistirá la prensa que aprieta a los de más abajo?, ¿cómo logran conciliar el sueño los feudos que administran un país tan rico como el nuestro?

Todos estos interrogantes los dejo abiertos. Mi intención no es otra que la de agitación. Mi objetivo: visibilizar la lucha de los sectores populares, ejemplos de lucha, de prácticas interculturales, de dignidad ante lo adverso.