Por estos días parece que las redes sociales se encuentran atravesadas por una disputa sobre si la pobreza o el hambre se acercan más o menos a las cifras del INDEC o a las del Observatorio de la Deuda Social de la UCA. Estas discusiones, a veces son desarrolladas con tanta manipulación que solo consiguen un objetivo: anestesiar a la sociedad sobre un problema real de marginalidad y emergencia social.

Las organizaciones populares vemos en directo el crecimiento de las necesidades de millones de personas en todo el país. Nuaestros comedores no dan abasto, muchos de ellos hoy entregan el doble de raciones que hace unos años atrás y aún así hay días en que se quedan cortos. Entonces, con estas pruebas tan concretas sobre el dolor y la desesperación que se vive en las barriadas populares, antes que ponernos a debatir con gente no quiere escuchar elegimos ponernos a buscar soluciones.

Nuestra tarea ha sido por años un reflejo de defensa propia. Los movimientos populares, a los que muchos llaman despectivamente “piqueteros” hemos estado en la primera línea de batalla frente al flagelo del empobrecimiento, el desempleo, el deterioro sanitario, y los “olvidos” gubernamentales. Con esfuerzo habilitamos comedores y merenderos en lugares que muchos funcionarios no sabían ni siquiera que vivía gente, barrios sin nombre, asentamientos donde la solidaridad entre los vecinos era la única forma de subsistir.

Con esa misma convicción comenzamos a desarrollar también nuestros propios emprendimientos productivos: cooperativas, talleres textiles, hornos de pan, bloqueras, etc. Todos ellos espacios de trabajo donde tienen su lugar personas a las cuales por razones de discriminación (edad, género, color de piel, modos de hablar, o domicilio) no fueron tenidos en cuenta en los espacios laborales formales.

De esta forma se fue desarrollando lo que hoy llamamos la “economía popular”, y que no es otra cosa que el emergente de la voluntad colectiva de ganarse el peso dignamente, de no bajar los brazos ni entregarse aún cuando parezca que la desesperanza va a triunfar.

Las mujeres al frente

En lo personal, como mujer y como madre, no puedo dejar de subrayar que al frente y al interior de muchas de las iniciativas laborales autogestionadas se encuentran mayoritariamente mujeres enormes, mamás llenas de coraje dispuestas a entregarlo todo para darle a sus hijas e hijas un futuro alejado de la rueda reproductora de pobreza. Y esto, aparte de ser otro golpe al concepto de “sexo débil” es algo que me llena de orgullo, fuerzas, y me impone la obligación de representarlas lo mejor posible.

Hoy, las herramientas para potenciar el trabajo de la organizaciones populares se están multiplicando, en parte gracias a que representantes de las mismas se encuentran ocupando espacios de gestión en el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, lo cual servirá para implementar políticas con conocimiento profundo de la situación. Pero además hace pocos días pudimos avanzar en el camino de construir nuestro propio sindicato, la Unión de Trabajadores/as de la Economía Popular.

De esta forma, quienes sabemos de la pobreza, marginalidad o falta de oportunidades porque las vivimos en carne propia, construimos instancias de organización mayores y más completas, que nos sirvan para articular mejor nuestros esfuerzos colectivos, luchar por el reconocimiento como trabajadoras y trabajadores y cooperar de manera más efectiva con los estados nacional, provincial y municipales.

A este desafío lo asumimos en todo el país y sabemos que en Córdoba pronto la UTEP será una realidad.

Silvia Quevedo
Coordinadora Barrios de Pie – Córdoba

Publicado en La Voz del Interior