Ayer las redes se llenaron de mensajes por el cumpleaños de Cristina Fernández de Kirchner lo que una vez más demostró que ella es una de las figuras más importantes del país. Y su relevancia radica tanto en su inteligencia como en su liderazgo de raíz popular, a lo que se agrega su capacidad de reinventarse elaborando nuevas estrategias.

En lo personal tuve la suerte de trabajar en cercanía de Néstor y Cristina desde la Secretaría General de la Presidencia, y pese a que hubo un momento de distanciamiento, nunca dejé de valorar su capacidad de generar un proyecto que le cambió para bien la vida a millones.

Fue ella la que cargó con una enorme mochila cuando quedó viuda, y lo hizo con una entereza que asombró a sus detractores, que la pensaban incapaz de seguir adelante sin su marido a su lado. En este sentido CFK fue -y sigue siendo- un ejemplo para muchísimas mujeres, demostrando que se puede liderar, conducir un país y empoderarse quebrando años de machismo reclacitrante.

Nadie, ni seguidores, ni opositores, puede negar la inteligencia de Cristina. Ella supo ponerse de pie en momentos muy difíciles, enfrentando persecusiones judiciales y una campaña de desprestigio personal y de ataques a su familia, que solo puede ser igualada a la que sufrió Juan Domingo Perón en su momento.

A pesar de ese encarnizado asedio, y cuando muchos le auguraban un destino de ostracismo relegada al papel de senadora nacional, la ex presidenta identificó con mucha agudeza que la batalla contra el modelo de Macri sería prolongada y que debía ser persistente en la consolidación de su espacio político para tener alguna posibilidad cierta de victoria.

Para obtener este objetivo Cristina desplegó otra de sus cualidades: la tenacidad. Esta característica personal le permitió sobreponerse a las derrotas electorales, manteniéndose en el centro de ring sin abandonar nunca la ofensiva. Pero esa misma tenacidad algunas veces se transformó en la testarudez que, en momentos cruciales de su segundo mandato, la encerraron y la alejaron de un sector de su propio electorado.

Ese fue el punto débil que la derecha supo aprovechar mejor; y apoyada por un amplio abanico mediático y publicitario de desgaste, pensó que era la llave para destruir el capital político de la actual vice presidenta. El problema es que Cristina nunca dejó de cosechar un piso del 30% de los votos y jamás se dio por vencida ni cedió a la tentación de la comodidad de un exilio interno.

Llegados al 2019, CFK les pateó el tablero a todos los politólogos y editorialistas que diagnosticaban la imposibilidad de que ella cediera algo de su poder o diera un paso al costado para poner de pie una alternativa que no la tuviera en el primer lugar. Durante todo el año pasado, una y otra vez planteó que estaba dispuesta a ceder protagonismo en función de lograr que un gobierno popular llegara nuevamente a la Casa Rosada. Por supuesto, a esta afirmación no la creía ningún sector del macrismo, hasta que finalmente el 18 de mayo de 2019, la propia Cristina anunció la candidatura presidencial de Alberto Fernández con ella secundándolo como vice.

Esta decisión, basada en que siempre tuvo claro cuál es el enemigo principal, fue lo que encendió el motor del Frente de Todos y puso en crisis tanto a Cambiemos como a los sectores que se nucleaban en Alternativa Federal. Para Macri y los suyos todo lo sólido se desvaneció en el aire y a partir de ese momento supieron que les tocaría correr desde atrás buscando un milagro o una derrota digna. Y el final, bueno, está a la vista.

Obstinada, aguerrida, perseverante, a veces tozuda y a veces asombrosamente flexible, Cristina Fernández de Kirchner nos dio a todos y a todas una lección de generosidad que va más allá de la candidatura de Alberto. Cristina abrió el juego, convocó a muchos de aquellos y aquellas que -por distintas circunstancias- nos habíamos alejado y nos dio un espacio común para aportar a la reconstrucción del país. Por eso, muchas gracias Cristina, y a tu cumpleaños lo festejamos fortaleciendo la unidad, bancando los trapos junto a los movimientos sociales y la Cámpora, construyendo el país que soñó Néstor y haciendo crecer al Frente de Todos en las calles y los barrios de la Argentina.

Nestor Moccia